CARTA AL SEÑOR PEDRO SÁNCHEZ PÉREZ-CASTEJÓN, PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA, ANTE LA VISITA DE VOLODÍMIR ZELENSKI (II)

CARTA AL SEÑOR PEDRO SÁNCHEZ PÉREZ-CASTEJÓN, PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA, ANTE LA VISITA DE VOLODÍMIR ZELENSKI (II)

(A todos los españolitos de a pie, que, día tras, día, comulgan con noticias sesgadas, propias de esta era de la ‘posverdad’ y plagada de “fake news”. Hora va siendo de echar al cesto de los papeles tanta basura mediática y torticera y buscar la senda de la verdad)

Félix Barroso Gutiérrez

Curiosamente, señor Sánchez, serían un prestigioso historiador, llamado Roger Keeran, y un nombrado economista, Thomas Kenny, ambos estadounidenses, los que sacaron a la luz el libro ‘El Socialismo traicionado: tras el colapso de la Unión Soviética’ (2004). ¿Se siente usted, con su mano puesta sobre el corazón, señor Sánchez, auténticamente socialista, o tan solo ‘pesoísta’, como otros compañeros suyos, con vara de mando en puño, que solo fueron ‘gatopardistas’ y acabaron, con nóminas gigantescas, en los consejos de Administración de industrias que sus Gobiernos habían privatizado? Si realmente se siente socialista, aunque algo descafeinado, escuche con sus oídos muy atento los siguientes párrafos del libro mencionado más arriba:

“En cincuenta años el país fue de una producción industrial que era sólo 12 por ciento de la de Estados Unidos a una que era el 80 por ciento; y a una producción agrícola que era 85 por ciento de la estadounidense. Aunque el consumo per cápita soviético se mantuvo más bajo que en Estados Unidos, ninguna sociedad había elevado los estándares de vida y consumo de toda la población tan rápidamente, en un periodo tan corto. El empleo estaba garantizado. Educación gratuita era accesible a todos, desde el jardín infantil a la escuela secundaria (general, técnica y vocacional), la universidad y escuelas nocturnas. Además de matrícula gratuita, los estudiantes de post-secundaria recibían estipendios. Los servicios de salud eran gratuitos para todos, con cerca del doble de médicos por persona en comparación con Estados Unidos. Trabajadores que sufrieran heridas o enfermedad tenían su empleo garantizado y licencia por enfermedad. A mediados de la década de 1970 los trabajadores, en promedio, gozaban de 21.2 días laborables de vacaciones y eran gratuitos o subsidiados centros de vacaciones, sanatorios y campamentos de niños. Las uniones obreras tenían poder para impedir el despido de un trabajador o reclamar el cambio de un gerente. El estado regulaba todos los precios y subsidiaba el costo de los alimentos básicos y las viviendas. El pago de renta constituía sólo entre 2 y 3 por ciento del presupuesto de una familia; y de agua y energía entre 4 y 5 por ciento. No existía la segregación de viviendas por causa del ingreso. Aunque algunos vecindarios se reservaban a altos funcionarios, era común que administradores, enfermeras, profesores o conserjes vivieran en el mismo vecindario. El gobierno incluía el crecimiento cultural e intelectual en el esfuerzo para aumentar los niveles de vida. Los subsidios estatales mantenían a un mínimo los precios de libros, publicaciones y actividades culturales. Los trabajadores a menudo poseían bibliotecas, y una familia, en promedio, estaba suscrita a cuatro publicaciones. La UNESCO informó que en la URSS los ciudadanos leían más libros y veían más películas que en los demás países del mundo. Cada año el número de personas que visitaban museos equivalía casi a la mitad de la población, y el número de asistentes a teatros, conciertos y otros espectáculos sobrepasaba el de la población. El gobierno hizo un esfuerzo concertado para elevar el nivel de alfabetización y los estándares de vida en las áreas más atrasadas, y estimular la expresión cultural de los más de cien grupos nacionales que conformaban la Unión Soviética. Por ejemplo, en 1917 en Kirguizia una entre 500 personas podía leer y escribir, y cincuenta años después prácticamente todas podían’. 

Después de colapsar la Unión Soviética en 1991, sobrevino un ‘capitalismo gangsteril’, aunque los políticos y los medios de difusión de Estados Unidos y otros países imperialistas lo celebraron como un triunfo de la democracia. Keener y Kenny señalan que la presunta ‘transformación democrática’ y ‘vibrante economía de mercado’, que Occidente había celebrado, fue un chiste grotesco. ‘Un informe de Naciones Unidas de 1998 indicó: “Ninguna región del mundo ha sufrido reveses tan graves en los años 90 como los países de la ex-Unión Soviética y de Europa del este”. Las personas en condiciones de pobreza aumentaron en más de 150 millones, una cifra mayor que la población combinada de Francia, Reino Unido, los Países Bajos y Escandinavia. El ingreso nacional disminuyó “drásticamente” ante “una inflación rampante como ninguna otra en el mundo”. En Failed Crusade, el historiador Stephen F. Cohen fue más lejos. En 1998, señala, la economía soviética, dominada por gánsteres y extranjeros, era la mitad de lo que era a principios de la década; la carne y los animales dedicados a productos lácteos eran una cuarta parte; los salarios eran menos de la mitad. El tifus, la tifoidea, el cólera y otras enfermedades alcanzaban proporciones epidémicas. Millones de niños sufrían malnutrición. La expectativa de vida masculina se redujo a los 60 años, como estaba a fines del siglo XIX. En palabras de Cohen, “la desintegración económica y social de la nación ha sido tan grande que ha llevado a una inaudita des-modernización de un país del siglo XX”. Ante el fracaso catastrófico del camino de Rusia al capitalismo, las celosas discusiones sobre los problemas inevitables del socialismo perdieron bastante sentido’. 

Continuamos, tras tales párrafos, hilando con nuestro huso y nuestra rueca.

En ‘la Rusia de Putin’ –como suelen decir los comentaristas occidentales– el estado volvió a tener la dirección de la economía; es dueño de los bancos principales y compañías importantes, notablemente de energía. El desarrollo de la economía nacional es prioridad. El dominio estatal de la banca permite asignar recursos en una planificación estratégica. El estado persuade o coacciona los grandes inversionistas para que se ajusten a las estrategias del gobierno y al interés nacional, y exige a empresas privadas que le sometan sus proyectos para aprobarlos. Favorece la sustitución de importaciones, la autosuficiencia y el proteccionismo”. 

Continuemos, tras los párrafos vertidos, hilando fino con nuestro huso y nuestra rueca. Las aves de rapiña, que siempre están al acecho, vieron, en el colapso de Rusia, una ocasión que ni pintiparada para hacer de las suyas y expandir sus ansias hegemónicas. Aprovechando que la URSS se vino abajo y Ucrania se independizó, rápidamente Washington marcó un paso al frente, y, bajo el subterfugio de echar un cable a los ucranianos, aprovechó la coyuntura para utilizarlos como arma contra Rusia. La UE y la OTAN se frotaron las manos. El gallinero comunitario se arremolinó bajó las plumas de la mamá gallina, tan maja ella con sus barras y estrellas. Miles de millones, salidos de ‘Occidente’ llegaron a Ucrania para financiar a grupos pro-OTAN, espurias ONGs y medios de comunicación, a fin de crear un clima totalmente anti-ruso. En el año 2004, la CÍA, de tan negra historia destrozando democracias e implantando dictaduras en muchas partes del Globo, respaldó la ‘Revolución Naranja’y se las amañó para amortizar al candidato pro-ruso. Sin embargo, el verdadero golpe de Estado llegaría en 2014. El presidente ucraniano, elegido democráticamente, Víktor Ianoukovitch, se negó a un acuerdo comercial con la UE. Rápidamente, la CIA, de nuevo, y sus socios armaron lo que se conoció como la ‘Revolución del Euromaidán’. No fue una revolución popular, sino vertebrada por multitudes violentas, envenenadas por la propaganda de ‘Occidente’y lideradas por grupos neonazis, como el batallón ‘Azov’, que contaban con todas las simpatías de la Europa de los mercaderes, que no de los pueblos. Todo un gobierno títere de los intereses otanistas y unionistas se hizo con el poder en Kiev y prohibió la lengua rusa, pese a que las regiones del este y el sur de ucraniana eran ruso-parlantes. Luego, llegaría lo que muchos analistas conocen como el ‘genocidio del Donbás’ y comienza a emerger la nebulosa figura de Volodímir Oleksandrovich Zelenski, que, aparte de su rol como actor de teatro, también apuntan ciertos investigadores que era un agente británico infiltrado. Más que sabido es el sucio papel jugado, y que sigue jugando, Gran Bretañaen Ucrania, siempre disfrazada de la ‘Pérfida Albión’. Zelensky fue auspiciado y elevado a los altares no solo por la propaganda de ‘Occidente’, sino por su padrino, el oligarca Ior Kolomoiski, dueño de la mayor industria petrolera y del mayor banco de Ucrania. Cuando se encaramó en el poder, a Zelenski le importó tres pepinos la corrupción rampante que recorría la geografía ucraniana. Lo que de verdad le interesaba era asegurarse que la sociedad de inversión multinacional, con sede en Nueva York, ‘BlackRock’ y los bancos occidentales tomasen las riendas y el control de la economía ucraniana.

Llegado que fue el año 2022, la OTAN envío toneladas de armas a Ucrania, armándola hasta los dientes y convirtiéndola en una base militar. Ayudó a la limpieza étnica de la región rusoparlante del ‘Donbás’. Misiles y bases a las mismas puertas de Rusia, persecución implacable de la propia identidad de regiones de auténtica filiación rusa, un gobierno marioneta en Kiev, pretendiendo convertirse en el ariete de ‘Occidente’ para erosionar los valores e intereses del gran país eslavo… Muchos agravios que acabaron por explotar y vino lo que vino.

El próximo día 18 de este fúnebre noviembre, usted, señor Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España, se entrevistará con Volodímir Zelenski, el mandatario ucraniano, cuyo ejército está siendo arrollado por las tropas rusas en todos los frentes. De nada han servido todos los miles de millones de euros que países, como España, han invertido en armamento para la defensa de Ucrania. Todos han sido pulverizados. Y otros miles de millones se han ido a un agujero negro. La corrupción sigue campando a sus anchas. De ella no está libre el propio Zelenski, y así lo afirman sesudos analistas en medios que no controla Bruselas. Va usted a lidiar, señor Sánchez, con un gobernante fantoche, que se ha forzado hasta la extenuación para internacionalizar el conflicto y abocarnos a una tercera guerra mundial; con alguien cuya popularidad, entre los suyos, se desploma a pasos agigantados. ¿No sabe usted, señor Pedro, que Amnistía Internacional (IA) ha denunciado al ejército ucraniano y, por ende, al presidente de Ucrania, por “poner en situaciones de riesgo a la población civil, al establecer bases y operar sistemas de armas en zonas habitadas y dentro de escuelas y hospitales para repeler la invasión rusa”? ¿Desconoce, quizás, que el ejército y otros batallones ‘neonazis de Ucrania han sido condenados por el ‘Tribunal Público Internacional’, conformado por más de treinta países, a causa de violar los derechos humanos y no respetar las leyes de la guerra? Seguramente, que no, ya que su ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, seguía vociferando públicamente, hace dos días, condenando las oleadas de ataques de Rusia contra Kiev, al considerarlas como ‘inaceptables violaciones del derecho internacional’. Nunca le hemos oído una sola palabra contra los bombardeos y masacres producidas por el ejercito ucraniano contra la población civil de la región del ‘Donbás’. ¡Ya está bien de tanto cinismo! La doble vara de medir y la ley del embudo apestan en las lenguas de algunos mandatarios. Pablo Iglesias Posse, fundador del PSOE, dejó escrito: ‘¿Qué es la guerra?, volvemos a repetir. Un crimen de lesa humanidad. Sí, un crimen que todos, absolutamente todos, y especialmente nosotros, los obreros, pues somos sus principales víctimas, debemos combatir’. Suponemos que usted, presidente, habrá leído esa frase mas de una docena de veces. ¿Por qué entonces da luz verde para invertir dos mil millones de euros en armamento de manera sesgada y torticera? Armas para una guerra originada porque la OTAN, en comandita con la UE, removieron unas ascuas que los rusos no tenían ningún interés en reavivarlas; pero las ansias expansionistas de ‘Occidente’, utilizando a Ucrania como carne de cañón, empujaron a Rusia al abismo y tuvo que salir a defender su razón de ser como nación histórica y evitar caer al precipicio. ‘Occidente’, señor Sánchez, se ha hecho muchas ilusiones con la desaparición de Rusia y bien ha creído que estaba muerta. ¡Se equivocaron! Usted sabe más que de sobra que está viva, más viva que nunca, mal que les pese a los ‘rusófobos’, que ni creen en la solidaridad, ni en las libertades, ni en la justicia distributiva ni en la fraternidad universal. ¿No son todos estos valores citados propios del socialismo? Pues si es así, ¿qué hace usted dando audiencia a un señor que no cree en dichos valores, sino en el neoliberalismo, el unilateralismo, el imperialismo, el capitalismo y la Europa de los mercaderes? ¿Para cuándo una invitación a un mandatario, para que hable en el Congreso, en el Senado y ofrezca la pertinente rueda de prensa en la capital de España? Y, por favor, no ejerza el papel de tahúr con el dinero de los españoles. Aquí, en este solar patrio, hay necesidades imperiosas, sobre todo entre los jóvenes, con trabajos precarios, sueldos miserables y sin ningún acceso a la vivienda, lo que no les permite formar una familia. Actúe como socialista y no simplemente como un reformista y menos aún como un ‘gatopardista’.

. Desde 2022 Washington y la Unión Europea hicieron a Rusia el país con más sanciones económicas. Pero esto produjo más lealtad nacional de las clases trabajadoras y empresas privadas, y mayor hegemonía estatal de la economía.  

¿Para cuándo una invitación a un mandatario, para que hable en el Congreso, en el Senado y ofrezca la pertinente rueda de prensa en la capital de España? Y, por favor, no ejerza el papel de tahúr con el dinero de los españoles. Aquí, en este solar patrio, hay necesidades imperiosas, sobre todo entre los jóvenes, con trabajos precarios, sueldos miserables y sin ningún acceso a la vivienda, lo que no les permite formar una familia. Actúe como socialista». EN ESTE PÁRRAFO, DE LA SEGUNDA PARTE DE LA CRÓNICA, ME COMÍ UNA PALABRA IMPORTANTÍSIMA: «RUSO», que debe ir a continuación de «mandatario»: ¿PARA CUÁNDO UNA INVITACIÓN A U N MANDATARIO RUSO…?

CARTA AL SEÑOR PEDRO SÁNCHEZ PÉREZ-CASTEJÓN, PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA, ANTE LA VISITA DE VOLODÍMIR ZELENSKI (II)

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